La Comuna 11 festejo el día del niño en el club Imperio Juniors

En la tarde de ayer, la Comuna 11 compartió a pura diversión con más de 700 chicos de distintas escuelas de la Comuna 11 celebrando por adelantado el Día del Niño.

Bailaron todos al ritmo del Show Tributo a Piñón Fijo y su familia.

Al finalizar el encuentro, Carlos Alberto Guzzini Presidente de la Junta Comuna 11 y Susana Luquet colaboradora en educación, entregaron a las escuelas un kit educativo de regalo, y una mención especial al club Imperio Juniors acompañado por un kit para natación, por todo el trabajo cultural que realiza la institución.

Imperio Juniors

El mundo transitaba un año muy agitado en 1935. Europa se deslizaba vertiginosamente por una espiral de locura e irracionalidad que pronunciaba la atroz carnicería humana que sobrevendría con la Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos, por su parte, transitaba la Gran Depresión, tras el gran crac del ’30.

En nuestro país, el general Agustín P. Justo ejercía la presidencia de la Nación sobre la base del fraude electoral, del que resultaba favorecida la Concordancia, bloque oficialista integrado por conservadores y un sector radical.

Este período, conocido como Década Infame, mostraba la descarada injerencia de potencias extranjeras en los asuntos nacionales y la celebración de pactos y negociados cuestionados, como si presente y pasado se confundieran.

En este contexto, un 19 de marzo de 1935, un puñado de jóvenes vecinos del porteño barrio Villa Santa Rita fundó el Club Social y Deportivo Imperio Juniors, denominación a la que años más tarde se añadiría “Biblioteca Popular”.

Pero ¿cómo era entonces ese sector de la ciudad en cuyas calles y potreros jóvenes y niños jugaban y pasaban sus días? Con un pasado de quintas, el barrio estaba perdiendo su fisonomía suburbana merced al loteo y la construcción de viviendas para empleados y obreros.

Muchas calles tenían una denominación distinta y eran de tierra, salvo Cuenca, que era la única empedrada con adoquines.

En ellas era común chapotear en el barro cuando llovía; jugar a la pelota, tratando de burlar la presencia de los vigilantes que trataban de impedirlo; organizar fogatas, y celebrar los carnavales en los corsos.

Las inundaciones azotaban la zona ribereña cercana al arroyo Maldonado –hoy entubado debajo de la Av. Juan B. Justo, y si bien Jorge Luis Borges retrató como nadie el malevaje y la gente pesada que merodeaban ese curso de agua en Palermo, Santa Rita también tenía los suyo: baste citar que a un pasaje (hoy Guillermo Granville) y a un par de bares del barrio se los conocía como La Puñalada.

En esos tiempos a las bandas urbanas se las llamaba barras y, si bien no había graffiti que delataran su existencia, existió una, denominada Moco Verde, que llegó a tener más de setenta integrantes.

La zona ya contaba con varias instituciones en funcionamiento: escuelas (la más antigua es la Quintino Bocayuva, ubicada frente a la actual sede de Imperio), algunos clubes sociales (adonde concurrían los jóvenes a bailar) y deportivos, academias de boxeo y sociedades de fomento.

Según se dice, los muchachos que fundaron nuestro club habian participado de un equipo de fútbol llamado Imperio con otros amigos del club Banderín, que entonces estaba en Mercedes y Magariños Cervantes.

Vaya a saber uno por qué motivo hubo una discusión y se terminaron peleando. Finalmente decidieron fundar el club, para lo cual se dieron cita esa noche de fin de verano porteño en la casa de los hermanos Mugnolo, ubicada en la calle Deseado a partir de 1944, Remedios Escalada de San Martín– 3275.

La veintena de asistentes designó a Gregorio Robertazzi para que presidiera la reunión, decidió tomar nota en un acta de lo que se trataría y fijó los objetivos de la nueva asociación “para decoro de todos y orgullo del barrio (…) propendiendo al engrandecimiento del nivel de cultura, moral y físicamente”.

También estuvieron presentes, entre otros, los dueños de casa, Valentín Tucci (que por votación seria designado primer presidente del club), Marcelo Castro (vice), Emilio Grillo (en quien recayó por sorteo el orgullo de ser considerado como socio Nº 1), Luis Ciccone, Roberto Roldán y Antonio Falcón.

A la hora de elegir el nombre no tuvieron dudas; reivindicaron el de su antiguo equipo y su condición de jóvenes: Imperio Juniors. Quizás hayan influido también en esa elección sueños y una visión de grandeza futura, tal como ocurrió en la historia con los imperios que se hicieron fuertes desde sus cimientos; tal vez la existencia de una popular sala cinematográfica llamada Imperio, que estaba en Gaona y Argerich y que en las fechas patrias no cobraba entrada.

Los caminos que siguieron de la flamante institución no fueron muy distintos de los que habían tomado los fundadores de centenares de clubes de fútbol en el país desde la primera década del siglo, incluso los que luego descollarían no sólo en ese deporte sino desde el punto de vista social, como Boca Juniors, River Plate, Independiente: un grupo de amigos o compañeros de trabajo juntaba con mucho esfuerzo una pequeña suma de dinero para comprar camisetas deportivas y pelotas y arrendar algún terreno y fundaban un club fijando su nombre y sus colores.

A pesar de que Imperio está íntimamente asociado al basquetbol, el fútbol fue la primera actividad. Los muchachos habían recolectado fondos en el vecindario, lo cual les permitió conseguir $50,60, de los cuales gastaron $49,95en la “adquisición de dos equipos de camisetas de foot-ball, color blancas con franjas negras verticales, colores oficiales del club y de dos pelotas Nº 5”.

Como se ve, aún en 1935 seguían utilizando el termino foot-ball en referencia al más popular deporte en el país, testimonio de la influencia de los ingleses, que lo habían introducido en el Río del la Plata casi setenta años antes. (Prueba de ello es que, por ejemplo, recién en octubre de 1939 la AFA adoptó en su nombre oficial la palabra “fútbol”.)

El acta de fundación dice que, tras la votación para elegir las autoridades, hubo “un intenso debate” y que, posteriormente, se fijó la cuota que se les cobraría a los socios, a los menores y a los jugadores, quienes deberían pagar un plus “por cada partido que se juegue a los efectos de pagar la cancha”.

El primer local que ocupó el club fue sobre la calle Monte Dinero –desde 1942 llamada Beláustegui– 3228, pero por muy poco tiempo. Luego se trasladó a Deseado 3246; de ahí pasó a Nazca 1447, donde hoy hay una conocida librería y juguetería.

En 1944, tuvo lugar lo que constituiría un punto de inflexión en la historia del club: su establecimiento sobre la calle General César Díaz 3047.

En ese predio, la institución desarrolló un camino que ya lleva siete décadas, cuyos principales hitos fueron la incorporación de la práctica del básquet, el primer ascenso a Primera División del básquet porteño (1960), la inauguración de la pileta de natación y del gimnasio cubierto (1966), y, tras haber tocado fondo en lo económico-institucional, el resurgimiento a partir del año 2000.