La Ciudad vive el boom de las figuritas del Mundial

Las figuritas volvieron a tomar las calles de Buenos Aires y, a meses del inicio de la Copa del Mundo 2026, parques, plazas, galerías y esquinas emblemáticas se transformaron en verdaderos puntos de encuentro donde chicos, jóvenes y adultos comparten una misma misión: completar el álbum oficial antes del pitazo inicial del torneo más esperado del planeta.

“Late, late, late, late… Nola”, grita Mateo, de 12 años, mientras observa con atención un pilón de figuritas en el Parque Centenario.

En cuestión de segundos aparece una de las que más buscaba: la del colombiano Luis Díaz. Como él, miles de fanáticos recorren distintos puntos de la Ciudad con una carpeta bajo el brazo y una lista de faltantes en la mano, alimentando una tradición que cada cuatro años vuelve a convertirse en fenómeno social.

La escena se repite una y otra vez en distintos barrios porteños. Familias enteras, grupos de amigos, adolescentes y hasta jubilados participan de jornadas de intercambio que combinan pasión futbolera, nostalgia y encuentro comunitario.

Con el Mundial cada vez más cerca, completar las 112 páginas y las 980 figuritas del álbum oficial se transformó en una verdadera carrera contra reloj.

El furor por las figuritas trascendió ampliamente el universo infantil. Hoy el álbum acompaña a millones de personas en distintos ámbitos de la vida cotidiana. Aparece en las mochilas escolares, en oficinas, en viajes en colectivo y hasta en reuniones familiares.

Lo que comenzó como un entretenimiento para los más chicos terminó convirtiéndose en un fenómeno intergeneracional capaz de reunir a personas de todas las edades alrededor de una misma pasión.

A pesar de la irrupción de aplicaciones y plataformas digitales que permiten organizar colecciones, identificar números repetidos o localizar figuritas faltantes, el intercambio cara a cara sigue siendo el corazón de la experiencia.

El ritual conserva la esencia de décadas anteriores: recorrer una plaza, acercarse a una ronda de desconocidos, preguntar qué números faltan y negociar cambios que permitan avanzar unas páginas más en el álbum.

Entre los puntos más concurridos se destacan los parques Centenario y Rivadavia, ambos ubicados en Caballito. Allí, durante los fines de semana, cientos de personas se reúnen de manera espontánea para intercambiar figuritas.

Sin necesidad de convocatorias formales ni organización previa, las reuniones se forman casi naturalmente. La dinámica es simple pero efectiva: alguien abre su álbum, otro muestra sus repetidas y rápidamente comienza una cadena de intercambios que puede durar horas.

La postal se replica también en otros espacios verdes de la Ciudad. Parque Lezama, Parque Saavedra, Plaza Las Heras y Parque Avellaneda son algunos de los lugares que, con el correr de las semanas, fueron consolidándose como puntos de referencia para quienes buscan completar su colección.

Cada barrio parece haber adoptado su propio centro de intercambio, generando una red informal que se expande a medida que crece la fiebre mundialista.

Además de las plazas tradicionales, existen esquinas que se convirtieron en verdaderos clásicos para los coleccionistas.

Una de ellas es la ubicada en Monroe y Ciudad de la Paz, en Belgrano, donde cada fin de semana se reúnen decenas de personas.

Allí confluyen historias que atraviesan generaciones. Algunos recuerdan los álbumes de décadas pasadas, mientras que otros viven por primera vez la experiencia de intercambiar figuritas.

El fenómeno también impactó en los comercios de cercanía. Muchos locales decidieron sumarse a la tendencia con propuestas originales destinadas a atraer clientes y acompañar el entusiasmo mundialista.

En Caballito, por ejemplo, una pizzería ofrece sobres de figuritas como promoción junto a determinadas compras. En Once, un comercio de cotillón organizó encuentros semanales para que vecinos y clientes puedan intercambiar repetidas en un ambiente distendido.

La magnitud del fenómeno demuestra que el álbum del Mundial sigue ocupando un lugar especial dentro de la cultura popular argentina.

En una época marcada por la digitalización y el consumo inmediato de contenidos, las figuritas mantienen intacta su capacidad para generar vínculos reales, conversaciones espontáneas y momentos compartidos entre personas que, muchas veces, no se conocen entre sí.

La expectativa por la Copa del Mundo también impulsa nuevas propuestas vinculadas al coleccionismo. En ese contexto, el Buenos Aires Fan Fest incorporó un espacio especialmente destinado al intercambio de figuritas.

Desde el 11 de junio y hasta el 19 de julio, la Plaza Seeber, en Palermo, se convertirá en otro de los grandes puntos de encuentro para quienes buscan completar el álbum y vivir el clima mundialista mucho antes de que ruede la pelota.

La iniciativa apunta a reunir a fanáticos de todas las edades en un entorno festivo donde el fútbol funciona como excusa para compartir experiencias.

Allí no solo habrá oportunidades para intercambiar figuritas difíciles de conseguir, sino también para reencontrarse con una tradición que atraviesa generaciones y que forma parte inseparable de cada Copa del Mundo.

A medida que se acerca el inicio del Mundial 2026, la búsqueda de las figuritas faltantes se intensifica y los espacios de intercambio continúan multiplicándose.

Mientras algunos cuentan cuántas les restan para completar el álbum, otros simplemente disfrutan del recorrido y de las historias que nacen en cada encuentro.

Lo cierto es que, una vez más, las plazas porteñas demuestran que el fútbol puede unir a personas de todas las edades alrededor de una pasión común que trasciende resultados y fronteras.

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