La Boca vibra con el cierre de Cultura de Verano
La Usina del Arte baja el telón de Cultura de Verano 2026 con una apuesta que rompe los límites tradicionales del escenario: música en vivo, escultura en tiempo real y una experiencia inmersiva que promete convertir al Salón Mayor en un territorio donde el sonido modela la materia ante los ojos del público.
Los músicos despiertan el espacio: una nota, otra nota, el aire se abre, anticipa el manifiesto poético que acompaña a Materia, la performance que este sábado 28, de 20 a 23, reunirá a Tadeo Jones, Lucas Espina y Poly Pérez en un cruce artístico donde nada permanece estático y todo se transforma al ritmo de la música.
El emblemático espacio cultural del barrio de La Boca se prepara para el broche de oro de una programación que, a lo largo del verano, convocó a miles de vecinos y visitantes con propuestas gratuitas y de acceso amplio.
La despedida no podía ser convencional. Materia se presenta como un ritual contemporáneo en el que el universo sonoro creado por Poly Pérez —a partir de su trabajo con stick— se convierte en la columna vertebral de la experiencia.
El dispositivo es claro pero potente: la música no acompaña, conduce. Cada nota, cada variación rítmica y cada silencio funcionan como disparadores para que Tadeo Jones intervenga un bloque de material y lo transforme en una escultura en tiempo real.
No se trata de un mero acompañamiento ilustrativo; el escultor escucha, interpreta y responde con sus manos. La percusión de Lucas Espina completa la arquitectura sonora, marcando pulsos y tensiones que alteran la dinámica del gesto escultórico.
La propuesta apuesta a una lógica de interacción donde el sonido cae “como agua sobre la piedra”, según describe el texto conceptual.
El escultor no impone forma: la descubre. La materia no es un elemento pasivo, sino un organismo que vibra en sintonía con el espacio y el público.
La escena se construye como un espiral en el que el tiempo parece curvarse y el proceso creativo queda expuesto, sin atajos ni artificios.
El Salón Mayor, con su imponente arquitectura y su acústica privilegiada, será el escenario ideal para este cruce disciplinar.
Allí, el público podrá presenciar de cerca cómo la música despierta el espacio y cómo el gesto escultórico responde casi como si se tratara de una coreografía.
La experiencia inmersiva no se limita a observar: invita a sentir el tránsito del sonido hacia la forma, a percibir la vibración en el aire y el impacto físico de la percusión.
En términos artísticos, la performance se inscribe en una tradición de cruces entre artes visuales y música experimental, pero con una impronta local marcada.
La presencia de artistas argentinos consolidados le otorga identidad y anclaje territorial a una propuesta que dialoga con lenguajes contemporáneos.
La idea de que “nada es fijo: todo se ofrece, todo se transforma” sintetiza el espíritu del encuentro.
Cultura de Verano, por su parte, cierra así una edición 2026 que volvió a posicionar a la Usina del Arte como uno de los polos culturales más dinámicos de la Ciudad.
A lo largo de la temporada, la programación incluyó conciertos, espectáculos escénicos y actividades para distintos públicos, reforzando el carácter abierto y plural del espacio.
La información completa sobre las propuestas de cierre de los distintos espacios culturales porteños se encuentra disponible en la web oficial del ciclo.
Pero el sábado por la noche, todas las miradas estarán puestas en esa escena compartida donde el sonido guía y el arte visual responde.
La música se desplegará como un tejido vivo, la escultura emergerá ante el público y la percusión marcará el pulso de una experiencia que no se repetirá de la misma manera.
Cada golpe, cada corte y cada silencio formarán parte de un proceso irrepetible.
El rito culminará cuando la música se disuelva y la forma final respire por sí misma. Entonces, la materia —una vez más— recordará que nunca fue quieta, que siempre estuvo en movimiento, esperando ser convocada.
La Usina del Arte despedirá así el verano cultural con una propuesta que invita a mirar y escuchar de otra manera.
Cuando se apaguen las luces del Salón Mayor, quedará la certeza de haber presenciado algo único: el instante exacto en que el sonido se volvió forma y la forma, pura vibración.