La Ciudad ilumina sus íconos para despedir a Messi

Buenos Aires vuelve a pintarse de celeste y blanco para acompañar una noche que quedará marcada en la historia del fútbol argentino.

Desde las 20 y hasta el amanecer, algunos de los principales íconos de la Ciudad se iluminarán con los colores de la bandera nacional en homenaje a Lionel Messi, quien afrontará este martes su último partido con la Selección argentina.

El Obelisco, la Floralis, el Puente de la Mujer, el Monumento a los Españoles, el Planetario Galileo Galilei y la Torre de la Ciudad serán parte de una despedida que excede largamente lo deportivo.

La escena tendrá un significado especial porque no se trata solamente de iluminar monumentos. Se trata de acompañar simbólicamente al capitán en el cierre de una etapa que durante más de dos décadas estuvo atravesada por alegrías, frustraciones, títulos, derrotas y momentos que quedaron grabados en la memoria colectiva.

La Ciudad vuelve a recurrir a sus postales más reconocibles para expresar un sentimiento que, en el caso de Messi, hace tiempo dejó de estar limitado a una cancha.

Desde las primeras horas de la noche, los principales puntos elegidos volverán a adquirir una apariencia diferente. El celeste y el blanco reemplazarán la iluminación habitual de estos lugares emblemáticos y convertirán distintos sectores porteños en escenarios de homenaje.

La propuesta se extenderá hasta el amanecer, de manera que la despedida pueda acompañar toda la jornada y alcanzar también las primeras horas del día siguiente.

El Obelisco será, una vez más, uno de los grandes protagonistas. El monumento ubicado en el corazón de la avenida 9 de Julio ya quedó asociado a algunos de los festejos más multitudinarios que protagonizó la Argentina durante los últimos años. Pero esta vez el contexto será diferente: no habrá una copa para levantar ni una celebración por un nuevo título.

Habrá, en cambio, una despedida cargada de simbolismo para el futbolista que llevó la camiseta argentina durante veinte años.

La misma imagen se repetirá en otros puntos característicos de Buenos Aires. La Floralis, el Puente de la Mujer, el Monumento a los Españoles y el Planetario Galileo Galilei también quedarán teñidos de celeste y blanco.

A ellos se sumará la Torre de la Ciudad, en el sur porteño, completando un recorrido visual que buscará transformar el paisaje urbano en una suerte de homenaje colectivo.

No es la primera vez que estos monumentos se encienden para acompañar un momento protagonizado por Messi y la Selección.

La Ciudad ya había utilizado esta iluminación especial después de conquistas que modificaron la relación entre el equipo nacional y una sociedad que durante años esperó volver a celebrar.

La Copa América obtenida en 2021 significó el primer gran festejo de la era reciente. Un año después llegó la Finalissima y, finalmente, el Mundial de Qatar 2022 terminó de convertir aquellas celebraciones en imágenes inolvidables.

En diciembre de 2022, la avenida 9 de Julio y sus alrededores quedaron desbordados por una multitud que salió a las calles para recibir a los campeones del mundo.

El Obelisco se convirtió entonces en el epicentro de una celebración que atravesó generaciones y reunió a millones de personas.

Messi, con la Copa del Mundo en sus manos, ocupó el centro de una escena que durante décadas había parecido imposible para el fútbol argentino.

Por eso, la iluminación de esta noche también funciona como una especie de recorrido por esa historia. Los mismos símbolos que acompañaron las grandes conquistas vuelven a aparecer ahora, pero con una diferencia fundamental: esta vez el motivo es despedir al capitán de la Selección.

La relación entre Messi y la camiseta argentina tuvo distintas etapas. Hubo momentos en los que las críticas ocuparon el centro de la escena y otros en los que el equipo consiguió transformar esas dudas en títulos.

La consagración continental de 2021 abrió una nueva etapa y permitió que el rosarino pudiera levantar finalmente un trofeo mayor con la Selección.

La conquista de la Finalissima reforzó ese camino y el Mundial terminó de cerrar el círculo.

Con Qatar llegó además una de las imágenes más fuertes de toda su carrera. Messi levantando la Copa del Mundo después de una final inolvidable se convirtió en una fotografía que recorrió el planeta.

En Argentina, aquella conquista tuvo una dimensión todavía mayor: millones de personas volvieron a ocupar las calles y el Obelisco volvió a ser el punto de encuentro de una celebración histórica.

Ahora, varios años después, el escenario es otro. La Selección atraviesa una nueva etapa y el capitán se prepara para disputar su último encuentro con la camiseta argentina.

La despedida no necesita de una multitud concentrada en un único lugar para hacerse visible. Esta vez será la propia Ciudad la que cambiará su paisaje durante toda la noche.

También hay un componente generacional difícil de ignorar. Para muchos argentinos, Messi estuvo presente durante buena parte de sus vidas.

Quienes lo vieron debutar con la Selección fueron acompañando su evolución desde aquel joven que comenzaba a ganarse un lugar hasta convertirse en capitán y referente de un equipo campeón del mundo.

Para los más jóvenes, en cambio, Messi forma parte prácticamente de toda su memoria futbolística.

Por eso considero que esta iluminación tiene un valor que va más allá de la estética urbana. Cuando una ciudad decide modificar durante horas la apariencia de sus monumentos para acompañar a una persona, está reconociendo la dimensión que esa figura alcanzó dentro de su identidad colectiva.

Y en este caso, el homenaje está directamente vinculado con una historia que atravesó a millones de argentinos.

El celeste y blanco volverá a aparecer sobre Buenos Aires como ocurrió en aquellas noches de festejo. Pero esta vez tendrá otro significado.

Será una manera de decir adiós a una etapa y, al mismo tiempo, de reconocer todo lo que ocurrió durante ella: los títulos, las derrotas, las críticas, las esperas, las lágrimas, las celebraciones y, finalmente, la Copa del Mundo.

La noche terminará cuando llegue el amanecer, pero las imágenes de los monumentos iluminados quedarán como parte de un capítulo especial de la historia de la Selección.

El capitán tendrá su último partido y Buenos Aires lo acompañará desde sus lugares más emblemáticos, una vez más teñidos con los colores de la Argentina.

Porque algunas despedidas no necesitan demasiadas palabras. A veces alcanza con encender una ciudad entera de celeste y blanco para reconocer una historia que ya forma parte de la memoria de todos.

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