El sur porteño refuerza su sistema contra las tormentas

Buenos Aires avanza con una obra que ocurre casi por completo debajo de la superficie, pero que puede resultar decisiva cuando las tormentas descarguen grandes cantidades de agua en pocos minutos.

La limpieza integral del arroyo Cildañez ingresó en su etapa final y permitirá recuperar hasta un 15% de su capacidad de escurrimiento, luego de retirar más de 37.000 metros cúbicos de sedimentos acumulados a lo largo de los años.

La intervención apunta directamente a mejorar el funcionamiento del sistema pluvial en el sur porteño y, según las estimaciones oficiales, beneficiará de manera directa a unos 360.000 vecinos.

El objetivo central es que el agua pueda circular con mayor fluidez por una infraestructura que soporta una parte importante del drenaje de la Ciudad, especialmente durante episodios de lluvias intensas.

Cuando pensamos en una obra hidráulica, muchas veces imaginamos grandes túneles, excavaciones o estructuras visibles. En este caso, buena parte del trabajo sucede en un lugar que la mayoría de los vecinos nunca puede ver: el conducto subterráneo por donde circula el arroyo Cildañez.

El curso tiene aproximadamente 11 kilómetros de extensión, atraviesa diez barrios y alcanza a las comunas 7, 8, 9 y 10. Integra el sistema de cuencas del sur porteño que desemboca en el Riachuelo y, en determinadas condiciones, puede transportar hasta 225.000 litros de agua por segundo.

El arroyo fue entubado entre 1962 y 1965. Desde entonces, el paso del tiempo fue dejando dentro del conducto sedimentos y residuos sólidos que redujeron progresivamente el espacio disponible para la circulación del agua.

La intervención actual tiene una particularidad: es la primera limpieza integral de este tipo que se realiza desde aquel entubamiento.

La obra comenzó hacia fines de 2024 con el dragado del sector a cielo abierto, ubicado en los aproximadamente 800 metros previos a la desembocadura en el Riachuelo.

Allí se utilizó una draga especialmente preparada para trabajar en canales de río y se retiraron 15.400 metros cúbicos de sedimentos, ampliando la sección útil del cauce.

Una vez terminada esa etapa, el desafío pasó al tramo subterráneo. El procedimiento es considerablemente más complejo porque los equipos deben ingresar al conducto y trabajar en condiciones controladas.

La primera etapa de limpieza dentro del arroyo entubado se realizó a fines de 2025, en el sector correspondiente al Parque Indoamericano. Allí fueron retirados 5.400 metros cúbicos de sedimentos.

Actualmente, los trabajos se concentran en el Parque de la Ciudad y atraviesan sus últimas semanas. En este tramo se prevé extraer otros 16.300 metros cúbicos.

De esta manera, solamente dentro del conducto se habrá removido un volumen superior a los 21.700 metros cúbicos, equivalente a unas diez piletas olímpicas.

Si se suma el material retirado durante el dragado inicial, el volumen total supera los 37.000 metros cúbicos.

La limpieza requiere una logística específica. Para acceder al arroyo se abrieron distintos sectores del recorrido y se construyeron seis bocas de acceso. Una de las ventajas de esta infraestructura es que esos puntos permanecerán disponibles para futuras tareas de mantenimiento.

El procedimiento se realiza de manera progresiva, desde aguas arriba hacia aguas abajo. Primero se colocan ataguías, que funcionan como barreras provisorias para aislar el sector donde se desarrollan las tareas.

Luego se incorporan sistemas de ventilación forzada y bombeo que permiten generar condiciones adecuadas para trabajar.

En el interior del conducto intervienen dos equipos encargados de desplazar el sedimento hacia las bocas de acceso. Desde allí, retroexcavadoras extraen el material y lo trasladan a piletas especialmente preparadas para su secado.

El líquido que queda después del proceso es bombeado nuevamente hacia el conducto. El sedimento, en tanto, recibe un tratamiento de estabilización mediante hidróxido de calcio antes de ser cargado en camiones de gran capacidad y trasladado al CEAMSE. El procedimiento incluye controles diarios durante el traslado y la disposición del material.

El resultado buscado es concreto: recuperar espacio dentro de una infraestructura que ya existe para que pueda transportar un mayor volumen de agua cuando las precipitaciones sean intensas.

La limpieza del Cildañez forma parte de un esquema más amplio de obras y tareas preventivas vinculadas con el sistema pluvial porteño.

El escenario climático previsto para los próximos meses aumenta la importancia de contar con los conductos y reservorios funcionando con la mayor capacidad posible.

El fenómeno de El Niño suele estar asociado con modificaciones en los patrones de precipitaciones y puede generar períodos de lluvias intensas.

En una ciudad densamente urbanizada como Buenos Aires, una gran cantidad de agua caída en un período corto puede poner bajo presión a toda la infraestructura de drenaje.

A eso se suma un factor particular del sur porteño: las sudestadas pueden dificultar el desagüe hacia el Río de la Plata y generar un efecto de «tapón» sobre los sistemas que descargan hacia el Riachuelo.

Ante ese escenario, el Gobierno porteño implementó un esquema de prevención basado en alertas meteorológicas y monitoreo territorial.

El operativo contempla las 15 comunas y 177 puntos considerados estratégicos: 83 ubicados de manera fija en pasos bajo nivel y puentes, y otros 94 destinados a controles dinámicos de desagües, estaciones de bombeo y posibles acumulaciones de agua.

La coordinación se realiza desde el Centro de Operaciones de Emergencias de Defensa Civil, que articula el despliegue de los distintos organismos cuando las condiciones meteorológicas lo requieren.

La intervención sobre el Cildañez se incorpora a un conjunto de trabajos ejecutados durante la actual gestión porteña. Desde el inicio de la administración de Jorge Macri se realizaron 64 obras vinculadas con ampliaciones, adecuaciones, reparaciones y tareas de limpieza de la red pluvial y del Plan Hidráulico.

En ese período se incorporaron más de 13.000 metros lineales de nuevos conductos. También fueron completados los túneles aliviadores Crisólogo Larralde y Ciudad de la Paz, destinados a mejorar el drenaje en sectores vinculados con el Parque Saavedra y la avenida Cabildo.

Otro de los puntos de intervención fue el reservorio del Parque Sarmiento, cuya capacidad fue ampliada hasta alcanzar un volumen equivalente a unas 100 piletas olímpicas. Estos espacios permiten retener temporalmente grandes cantidades de agua y colaborar con el sistema cuando la red recibe un caudal extraordinario.

En el sur de la Ciudad, además del Cildañez, las obras se concentran en la cuenca del arroyo San Pedrito. Los trabajos tienen incidencia sobre barrios como Flores, Parque Avellaneda, Villa Lugano y Villa Soldati, donde el comportamiento del agua durante las tormentas constituye uno de los principales desafíos de la infraestructura urbana.

Pero las grandes obras no son el único componente de la prevención. La limpieza periódica de sumideros, el mantenimiento de los conductos y la supervisión de las estaciones de bombeo forman parte de una tarea permanente que adquiere especial relevancia cuando se aproximan períodos de precipitaciones fuertes.

En el caso del Cildañez, la diferencia estará en algo que no necesariamente podrá verse desde la calle: miles de metros cúbicos de material que durante décadas ocuparon parte del espacio destinado a transportar el agua serán retirados definitivamente.

La etapa final de esta intervención busca justamente eso: que el conducto vuelva a disponer de una mayor capacidad hidráulica y que, ante una tormenta intensa, el agua encuentre menos obstáculos para avanzar.

En una ciudad donde cada episodio de lluvia extrema pone a prueba el sistema, recuperar ese margen puede convertirse en una pieza más de la estrategia para reducir los anegamientos.

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