Huertas escolares para aprender a cuidar el ambiente desde chicos

Durante enero, miles de chicos y chicas encontraron en las aulas abiertas del verano algo más que un espacio de cuidado: una experiencia educativa integral que combinó juego, aprendizaje y conciencia ambiental.

El programa Vacaciones en la Escuela volvió a desplegarse con fuerza y dejó una marca concreta en estudiantes de todos los niveles, con propuestas que pusieron en el centro el desarrollo socioemocional y el vínculo con la comunidad.

Aprender también es tocar la tierra, observar cómo crece una planta y entender que cada acción tiene un impacto, resumieron desde los equipos educativos que participaron de las actividades, en un mes atravesado por talleres pensados para el verano y adaptados a las distintas edades.

La nueva edición de Vacaciones en la Escuela se desarrolló durante todo el mes de enero y estuvo destinada a estudiantes de Nivel Inicial, Primario, Secundario y de la Modalidad Especial.

La propuesta, impulsada como una política educativa y social, buscó sostener el derecho a la educación durante el receso estival, pero con un enfoque diferente: experiencias lúdicas, inclusivas y comunitarias, alejadas del formato tradicional del aula.

Uno de los ejes centrales del programa fue el fortalecimiento de las habilidades socioemocionales. En ese marco, las actividades no solo apuntaron a la adquisición de conocimientos, sino también al trabajo en grupo, la responsabilidad, la empatía y el cuidado del entorno.

La escuela, incluso en verano, se transformó en un espacio de encuentro y aprendizaje significativo.

Durante las primeras dos semanas del mes, Escuelas Verdes se sumó a la propuesta con talleres de huerta que tuvieron una amplia convocatoria.

La iniciativa buscó acercar a los estudiantes al cuidado del ambiente y a la alimentación saludable a través de experiencias prácticas, adaptadas a cada nivel educativo.

En el Nivel Inicial, el taller se centró en el armado de bombas de semillas, una actividad especialmente diseñada para los más chicos.

El objetivo fue generar un primer acercamiento al concepto de huerta y al cuidado del ambiente, utilizando materiales naturales como tierra, arcilla, semillas y agua.

A través del amasado y la manipulación de estos elementos, también se trabajó la motricidad fina y la exploración sensorial.

La jornada comenzó con una charla demostrativa en la que se presentaron distintas plantas de la huerta. Allí se dialogó con los niños sobre la importancia de consumir alimentos de origen vegetal y sobre el sentido de crear bombas de semillas como una forma sencilla de sembrar vida.

Luego de una demostración práctica, llegó el momento más esperado: las “manos en la tierra”. Cada grupo armó sus propias bombas acompañado por especialistas, en un clima de entusiasmo y curiosidad.

En el Nivel Primario, la propuesta avanzó hacia un taller de siembra en la huerta, con una impronta más técnica pero igual de participativa.

El objetivo principal fue fomentar la creación y el cuidado de una huerta a partir de la experiencia directa, fortaleciendo el vínculo de los estudiantes con la naturaleza y promoviendo hábitos de alimentación saludable.

Durante el taller, se trabajó sobre las etapas básicas del proceso de siembra, las necesidades fundamentales de las plantas —agua, luz y suelo— y la importancia de la constancia en el cuidado.

Además, se hizo hincapié en la responsabilidad y el compromiso que implica acompañar el crecimiento de un ser vivo, valores que atraviesan toda la propuesta educativa.

La actividad incluyó también un espacio de intercambio y juego. A través de un memotest de huerta, los estudiantes pudieron reconocer distintas hortalizas, animales, insectos y flores que forman parte del ecosistema, ampliando la mirada sobre la biodiversidad y el equilibrio natural.

Tras una demostración inicial, cada alumno realizó su propia siembra de albahaca, lechuga y zapallito. Las macetas fueron rotuladas y llevadas a casa, con la consigna de continuar el cuidado de la planta y observar su crecimiento día a día. De este modo, la experiencia trascendió el ámbito escolar y se trasladó al entorno familiar.

El impacto de los talleres fue significativo. Más de 2.500 chicos y chicas participaron de las actividades y se llevaron aprendizajes vinculados no solo a la huerta, sino también al cuidado del ambiente, la alimentación saludable y la importancia de las acciones cotidianas.

En un contexto donde la educación ambiental cobra cada vez más relevancia, estas propuestas se consolidan como herramientas clave para formar ciudadanos conscientes desde edades tempranas.

La edición de verano de Vacaciones en la Escuela volvió a demostrar que la educación no se toma descanso y que, incluso fuera del calendario tradicional, la escuela puede ser un espacio de crecimiento, juego y construcción de valores.

Entre semillas, tierra y aprendizajes compartidos, enero dejó sembradas bases que seguirán dando frutos durante todo el año.

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