• marzo 18, 2026

El museo Sívori renueva su propuesta con dos exposiciones clave

El Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori vuelve a posicionarse en el centro de la escena cultural porteña con una doble inauguración que, lejos de limitarse a la exhibición, propone una lectura activa del arte contemporáneo en diálogo con su propia historia.

El próximo sábado 21 de marzo a las 12, abrirán al público la 29ª edición del Salón de Arte Textil y la muestra “Un affaire de colecciones.

Patricio Gil Flood + grabados y dibujos de la colección del Museo Sívori”, dos propuestas que, en conjunto, trazan un mapa sensible entre tradición, experimentación y memoria.

“Nuestra política cultural busca consolidar museos dinámicos, capaces de cuidar el patrimonio y, al mismo tiempo, proyectarlo hacia el presente”, sostuvo la ministra de Cultura de la Ciudad, Gabriela Ricardes, al referirse a la apertura.

En esa misma línea, subrayó que ambas exposiciones apuntan a generar “nuevas formas de encuentro entre las obras, los artistas y el público”, en un contexto donde el rol de los museos ya no se limita a conservar, sino también a reinterpretar.

Desde mi perspectiva, lo que ocurre en el Sívori no es un hecho aislado sino parte de una estrategia más amplia que busca revitalizar el circuito cultural porteño.

La gerente operativa de Museos, Helena Ferronato, reforzó esta idea al destacar que la inauguración reafirma el compromiso de MuseosBA con la diversidad de lenguajes artísticos.

En particular, hizo hincapié en el Salón de Arte Textil como una disciplina “en constante reinvención”, capaz de tensionar los límites entre lo tradicional y lo contemporáneo.

El Salón de Arte Textil, que se realiza de manera bienal, llega a su edición número 29 con una selección de obras que dan cuenta de esa evolución.

Un jurado especializado evaluó piezas de artistas argentinos y residentes extranjeros en dos categorías bien diferenciadas: la técnica clásica, anclada en procedimientos tradicionales, y la técnica artesanal, más abierta a la experimentación y a la ruptura de formatos.

Este último aspecto no es menor: muchas de las obras seleccionadas abandonan la bidimensionalidad del tapiz para explorar el espacio desde una lógica más cercana a la instalación.

Entre los premios adquisición, que pasarán a integrar el patrimonio cultural de la Ciudad, se destacan nombres como Gabriela Nirino, ganadora en técnica clásica con una obra realizada en telar Jacquard electrónico, y Rosa Arena, premiada en la categoría artesanal con una pieza que combina materiales cotidianos como medias de nylon y perchas para construir un discurso visual atravesado por la contemporaneidad.

También fueron reconocidas Mariana Brea y María Jimena Cabello, cuyas obras evidencian la amplitud de recursos y enfoques dentro del campo textil actual.

Pero si el Salón de Arte Textil pone el foco en la producción contemporánea, la muestra “Un affaire de colecciones” propone un ejercicio distinto: revisar el patrimonio desde una mirada actual.

La propuesta de Patricio Gil Flood se presenta como un ensayo visual que no busca ordenar la colección de manera lineal, sino activar relaciones inesperadas entre las obras.

A través de instalaciones propias, el artista dialoga con piezas históricas del museo, generando cruces que invitan a repensar el significado de cada obra.

En este punto, el dibujo aparece como eje conceptual de la muestra, entendido no solo como técnica sino como campo de pensamiento.

Las obras de artistas como León Ferrari, Aída Carballo o Eduardo Stupía se integran en un entramado que desarma las jerarquías tradicionales del museo.

Cada pieza conserva su identidad —su historia, su procedencia— pero al mismo tiempo se resignifica al entrar en contacto con otras.

Lo interesante de esta propuesta es que no se limita a exhibir obras, sino que construye una narrativa abierta, donde el espectador también tiene un rol activo.

La idea de “constelación” que plantea la curaduría no es casual: se trata de establecer vínculos, de encontrar resonancias, de dejar que las obras dialoguen más allá de su contexto original.

En términos generales, ambas exposiciones funcionan como dos caras de una misma estrategia: por un lado, impulsar la producción contemporánea y, por otro, revisar el patrimonio desde nuevas perspectivas.

El Museo Sívori, ubicado en un punto estratégico del Parque 3 de Febrero, se consolida así como un espacio vivo, en constante transformación.

La propuesta, además, se completa con una política de acceso que busca ampliar el público: con entradas diferenciadas, días gratuitos y beneficios para distintos sectores, el museo intenta sostener una apertura real, no solo simbólica.

En un escenario cultural que muchas veces se debate entre la preservación y la innovación, el Sívori parece apostar por un equilibrio dinámico. Y en esa tensión, justamente, es donde el arte encuentra nuevas formas de decir.

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