La Ciudad refuerza la seguridad en el subte con más de 1000 policías

Más de mil policías volvieron a ocupar estaciones y vagones del subte porteño en un operativo de alto impacto que apunta a reforzar la seguridad en horas pico.

La Ciudad busca mostrar resultados concretos en su estrategia contra el delito, con controles intensivos, detenciones y presencia visible en los puntos más transitados del transporte público.

“La época del vale todo se terminó, con decisión política y trabajo comprometido bajamos todos los delitos y recuperamos el orden”, afirmó el jefe de Gobierno, Jorge Macri, al presentar el despliegue que, según la administración porteña, marca un cambio de enfoque en materia de seguridad.

El operativo, denominado de “saturación”, implicó el despliegue de más de 1.000 efectivos en estaciones clave de la red de subterráneos, con foco en la franja horaria de mayor circulación, entre las 7 y las 10 de la mañana.

Durante esas horas, agentes recorrieron andenes, accesos y formaciones con el objetivo de disuadir delitos y aumentar la percepción de seguridad entre los usuarios.

En ese contexto, fueron identificadas unas 400 personas, se secuestraron armas blancas —entre ellas facas y cuchillos— y se concretaron dos detenciones, una de ellas correspondiente a un individuo con pedido de captura vigente por robo.

Se trata de intervenciones puntuales que forman parte de un esquema más amplio de controles que el Ministerio de Seguridad porteño viene implementando en distintos barrios.

Los procedimientos de saturación no se limitan al subte. También se replican en zonas específicas de la Ciudad mediante controles vehiculares, verificación de identidad, patrullajes reforzados e inspecciones en comercios y alojamientos.

La semana pasada, en barrios como Constitución, Once, Palermo, Barracas y San Telmo, se registraron 26 detenciones, 115 imputados y múltiples clausuras de locales, hoteles y comercios.

Desde el Gobierno porteño aseguran que estas acciones se enmarcan en un plan estratégico que permitió reducir los delitos graves en un 30% durante el último año, alcanzando —según cifras oficiales— el nivel más bajo desde que existen registros.

La narrativa oficial enfatiza la combinación de presencia policial, control territorial y recuperación del espacio público como pilares del descenso.

En esa línea, la administración destaca la recuperación de más de 630 propiedades usurpadas, muchas de ellas utilizadas como “aguantaderos” del delito en barrios como Balvanera, La Boca o Constitución.

A su vez, se avanzó en la liberación de 68 kilómetros de veredas ocupadas por manteros en zonas comerciales sensibles como Once, Flores y Retiro, con el argumento de proteger a comerciantes formales y ordenar el espacio urbano.

El esquema de seguridad también incluye operativos contra los denominados “trapitos” en eventos masivos y un refuerzo en los accesos a la Ciudad.

Solo en la primera quincena de marzo, se controlaron más de 5.600 vehículos y 6.000 personas, con un saldo de ocho detenidos, cientos de autos y más de mil motos retenidas por distintas irregularidades.

En paralelo al refuerzo policial, el Gobierno porteño busca acompañar la estrategia con inversiones en infraestructura.

El presupuesto 2026 destina el 15,4% del total al área de seguridad, lo que equivale a una inversión de 2,6 billones de pesos.

En el plano del transporte, el subte aparece como un eje central: diariamente lo utilizan cerca de 800 mil personas.

En ese marco, se avanza en la incorporación de material rodante —174 coches nuevos para la Línea B y otros 50 para las líneas A y C— y en la puesta en valor de estaciones.

Algunas ya fueron renovadas, mientras que otras permanecen cerradas por obras o en proceso de licitación.

El proyecto más ambicioso es la futura Línea F, que busca conectar Barracas con Palermo, integrar toda la red y aliviar la congestión del nodo céntrico.

El refuerzo de la seguridad en el subte se inscribe así en una estrategia más amplia que combina presencia policial, control del espacio público e inversión en infraestructura.

La apuesta oficial es clara: sostener la baja en los índices delictivos y consolidar una imagen de orden en una de las ciudades más transitadas del país.

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