Las Bibliotecas ocultas que se esconden en los Barrios

Tan cerca de la Ciudad de Buenos Aires, pero a la vez tan lejos, es isla y continente.

Pobre y rica. Medieval y moderna”. Así describe Inés Kreplak al escenario que la inspiró a escribir Confluencia, su primera novela, que buscó explorar la vida de una comunidad de mujeres en el Delta pero que más tarde se convirtió en un camino de introspección.

Ella describe al territorio isleño como la fantasía de quienes buscan un lugar en el mundo para vivir un cambio radical.

Pero la narradora conoce a distintos personajes y sus costumbres, se pregunta si ella podría elegir ese destino a veces inaccesible por los caprichos del agua y sin chances de un especialista cerca, porque unos años antes había recibido el diagnóstico de Esclerosis Múltiple.

Me resulta paradójica la idea de que una isla, que es un espacio limitado y que depende tanto de los avatares de la naturaleza sea, para muchos, una posibilidad de escape”, dice en diálogo en ámbito.com.

Bajo esta premisa, la autora avanza sin vacilaciones en un relato lleno de polaridades y contrastes, con personajes que se juegan por sus propias elecciones sin tener nada asegurado.

Aunque sabemos que siempre se construye sobre terreno de barro, nuestros pilares parecen resistentes, es una de las frases de la novela, publicada por la editorial Alto Pogo.

Pero así como escribe, la autora vive. Dice envidiar a los ratones de biblioteca por “prolíficos y productivos”, pero se reconoce que no podría ser uno de ellos.

Así, apuesta a promover la literatura a través del proyecto autogestivo Biblioteca al Paso, en el que los lectores pueden dejar un libro y llevarse otro, es docente universitaria y ayudó a difundir nuevas voces tras dirigir la colección de libros “Leer es futuro”, de distribución gratuita. Durante este diálogo, habló de su novela, de su tarea y reconoció que le interesa “el escritor comprometido con su entorno”.

Periodista: ¿Cómo surgió la idea de escribir Confluencia y cómo evolucionó desde que la empezaste hasta que la cerraste?

Inés Kreplak: Empecé con la idea de escribir una crónica sobre un grupo de mujeres que dejó la ciudad para irse a vivir al Delta, pero la historia creció y se me aparecieron muchos interrogantes.

¿Por qué estaba escribiendo eso? ¿Qué era lo que me interpelaba? Ahí fue cuando decidí correrme de la crónica, abrir el juego a más personajes, introducir otras historias.

Recurrir a la ficción para ganar libertad, en ese proceso también me di cuenta de que necesitaba contar un poco más sobre la enfermedad que padezco, de la que, en general, se sabe muy poco.

No lo tenía pensado de antemano.

P.: ¿Los múltiples personajes que aparecen en la novela te sirvieron para hablar de vos misma y entenderte? ¿De qué manera?

  1. K. El proceso fue inverso. A mí me interesaba retratar la forma de vida en el Delta, sus personajes.

Pero para ser más honesta con esos retratos ficcionales, sentí la necesidad de construir una voz con historia, con cuerpo, que contara también quién era, qué le pasaba a ella, qué había vivido, qué vivía, con qué cristales miraba esa realidad.

Por otro lado, la historia habla de mí, pero no tanto. O seguro que habla de una Inés que no es la de hoy.

Yo soy mucho más reservada, más insegura, más tímida y más intolerante que mi alter ego de la ficción.

P.: Hablaste de la Esclerosis Múltiple con precisión y sin golpes bajos. ¿De qué te cuidaste para narrar cómo se vive con una enfermedad crónica?

I.K.: Intenté no ser demasiado indulgente, no construir una imagen de víctima. Todos pensamos en algún momento ¿por qué a mí?, ¿por qué yo?, pero no sirve para nada. Paraliza.

Entonces intenté contar una realidad, una experiencia en relación con la Esclerosis Múltiple que, quizás, pueda ayudar a otros pacientes.

Y en lo personal a mí me ayuda para no tener que dar más explicaciones.

P.: Coordinaste el proyecto “Leer es futuro” y trajiste al país la Biblioteca al Paso. ¿Cómo ves estos logros en los que difundiste nuevos autores y acercaste los libros a los barrios?

I.K.: Tuve una oportunidad hermosa que fue trabajar en la Secretaría de Políticas Socioculturales del Ministerio de Cultura. Hicimos un montón de trabajo muy importante en poco tiempo, un año y medio.

Estoy orgullosa de los logros, estoy convencida que el Estado tiene que gestionar para contrarrestar la desigualdad; que el Estado invierta en escritores ya reconocidos por el mercado no tiene sentido.

Las grandes editoriales no necesitan subsidio estatal. La Biblioteca al Paso fue lo que se me ocurrió para seguir apostando a la promoción de la lectura y de la construcción de comunidad de manera autogestiva y está funcionando bárbaro.

Hay bibliotecas al paso en Parque Chas, Agronomía, Colegiales, Palermo, Lago Puelo, Sierra Chica, Boulogne, Maschwitz y recibí consultas de jardines de infantes, bibliotecas y vecinos que quieren armar otras en otras partes de la Ciudad de Buenos Aires y también en el país.

Hay más de las que no me enteré, en todo caso, invito a que se contacten con la Biblioteca al Paso por Facebook para poder alentar a que se sigan construyendo nuevas.

P.: ¿De qué autores te sentís cerca en tu escritura?

I.K.: No sé si me siento cerca de la escritura de algún autor. Tengo mucho que aprender todavía. Pero sí puedo reconocer qué autores me inspiraron a escribir Confluencia, qué autores me dan ganas de escribir y cuáles me apabullan. Antes de empezar a escribir Confluencia leí a (Emmanuel) Carrère, a (Michel) Houllebecq, a (Santiago) Roncagliolo, a Leila Guerriero, Laura Meradi.

Pero no estoy ni cerca de escribir como ellos. Tampoco todo lo que leí me gustó, tomé aspectos, tomé ideas, recursos o sensaciones.

Me dijeron que hay algo de Juan Diego Incardona en algunas partes del relato que son de “aventura” y eso me puso muy contenta. Admiro y quiero mucho a Juan Diego, él fue mi primer maestro de taller.

P.: ¿Qué significa la literatura para vos?

I.K.: La literatura es fundamental en mi vida, así que me exige, me salva, me divierte, me aburre, me enoja, me acompaña.

Por momentos me obsesiona, por momentos la ignoro.

Tengo un vínculo intenso como con todo lo que me importa.

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